Llega el año nuevo y con él, la obligación de hacer los propósitos de año nuevo. Otra vez juramos que nos vamos a poner a dieta, que haremos ejercicio toooodos los días, hasta sábado y domingo; que vamos a dejar de fumar; que llegaremos a tiempo a la chamba; que nos vamos a enojar menos, etc.
Las cosas se complican porque tras hacer un somero examen de conciencia nos enfrentamos a que, otra vez, no cumplimos ni la tercera parte de los que hicimos para el año pasado, por lo que, super optimistas, decidimos que nuestra primera decisión del año será: "cumplir, ahora sí, nuestras metas". Como si no pasara lo mismo en enero, todos los eneros, toooodos...
Pero conforme pasa el año toooodo cambia. En enero seguimos bien decididos y prometemos que pasando el día de Reyes, arrancamos bien seriecitos.
Y llega febrero y decidimos que después de los tamales de la Candelaria y del puente del 5 de febrero, Día de la Constitución, echamos a andar los motores.
Cuando marzo nos sorprende en la güeva, decidimos que en cuando llegue la primavera y celebremos como se debe el cumpleaños de Benito Juárez podremos empezar, que al cabo ya no va a hacer frío.
En abril tenemos toooda la intención de empezar a cumplir nuestros propósitos pero la verdad es que está haciendo demasiado calor como para hacer nada. ¿Para qué hacer ejercicio si con dar dos pasos ya estamos sudando? y ¿cómo dejar de fumar si el bochorno nos hace sentir miserables?
Mayo, la neta, es un mes muy complicado como para pensar en pinches propósitos: El Día del Trabajo, que hay puente, el 5 de mayo, que hay peda, el Día de las Madres, el Día del Maestro... Uffff, demasiadas fiestas como para pensar en abandonar para siempre ese noble vicio de chelear.
En junio, la cosa se complica más, porque terminan las clases, los chamacos tienen festivales todos los días y hay que empezar a planear vacaciones, los que somos solteros y a dónde mandar a los escuincles, los que son papás. Así no se puede, me cae.
Julio es un mes sagrado, porque además de que estamos de vacaciones, llueve casi todos los días y llegan los huracanes, así que no se puede hacer ejercicio porque la calle está resbalosa y todo está mojado y uno sólo piensa en largarse a la playa o en juntar dinerito para irse lo más lejos posible de este caótico De Efe.
Si septiembre te agarró sin haber iniciado ninguno de tus propósitos, ya valiste... Digo, es el mes de la patria, de la mexicana y de toda América Latina. Si te pones a dieta en esta temporada cometes alta traición y todos te van a ver feo si rechazas el pozole, los tacos o el buñuelo de las fiestas patrias.
Octubre es el mes de la raza y hay que festejarnos como se debe porque si no don Cristóbal Colón y Cuauhtémoc se van a revolcar en sus tumbas. Después de todo, su trabjo le costó a Hernán Cortés conquistarnos para que así nomás porque sí nos olvidemos de su hazaña. Además, en jalowin hay un montón de fiestas y de nuevo, la tragadera, el chupe
En noviembre, el año ya casi se acabó. Ni modo que empecemos los propósitos de año NUEVO cuando ya tienes que estar pensando en los del próximo año. Eso si no tomamos en cuenta que hay que celebrar a los muertitos y a la Revolución Mexicana con aquello de "¡Viva México cab.... alleros y damas!"
Diciembre ni cuenta, porque después del 15 todo es estrés, vacaciones, posadas y brindis y destrampe sin vergüenza.
Los propósitos de los políticosY ya haciéndole al ocioso y nomás por tiznar, les paso los auténticos, los verdaderos propósitos de año nuevo de los políticos mexicanos.
Agustín Carstens, secretario de Hacienda, promete cerrar la bocota, chance y adelgaza.
Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, se propone no tomar jamás un jet privado y viajar solamente en aerolíneas comerciales, en tren o hasta en burro.
El general Guillermo Galván Galván, secretario de la Defensa Nacional, va a cancelar todas sus tarjetas, porque ya está hasta el gorro con tanta droga.
Ernesto Cordero, secretario de Desarrollo Social, comprará billetes de lotería y de Melate para todos los sorteos, porque si no se los saca, no sabe de dónde va a pagar los programas contra la crisis.
Gerardo Ruiz Mateos, secretario de Economía, empezará a practicar el espiritismo y a consultar médiums para ver si Keynez y John Smith le explican de una vez por todas qué diablos pasó con el mercado que no produjo un milagro en esta crisis malvada.
Javier Lozano, secretario del Trabajo, va a legalizar la venta de pepitas, la limpieza de parabrisas y a los payasitos de los cruceros, porque si no, no va a tener chambas suficientes para tanta gente que se quedó sin empleo.
¿Qué otros propósitos creen ustedes que hicieron los políticos este año? ¡Cuéntenmelo!